¿Qué quiero cuando quiero salir contigo?

Antes de lanzarte a la piscina, antes de empezar a escribir versos de amor que ni Shakespeare, antes de fisgar las redes sociales de tu fiche y, sobre todo, antes de pedirle una cita, párate, respira, y hazte una pregunta sencilla: «¿Qué es lo que quiero?».

«A ver —pensarás—, chorrada de pregunta. Sé lo que quiero: quiero salir con este chico / con esta chica. ¿Que por qué? Porque me gusta muchísimo y mi corazón palpita como una patata frita. ¿Como que para qué? Pues… para conocernos… salir juntos… estar juntos… ser novios…».

La cuestión puede parecer fácil… o no. ¿A qué tipo de amor quieres llegar?

En la adolescencia —por lo menos entre las chicas— se tiende a plantear otro tipo de pregunta: «¿Qué tipo de chico te gusta?», pero me parece un planteamiento erróneo. Sobre todo cuando estás pensando en respuestas tipo: «Alto, rubio, ojos bonitos, que me haga reír…». El amor no funciona así. No llevas una tabla en tu cabeza con una lista de características y cuando encuentras a alguien que rellena todos los checks vas y te enamoras. No. Volvamos a la pregunta: ¿a qué tipo de amor aspiras?, ¿cuál es la historia de amor que quieres vivir? ¿Una de quiero-estar-soltera-pero-contigo? (Algún día hablaremos de este “famoso” post) ¿Una de amor romántico sin dificultades? ¿Tener a alguien que te invite a cenar, te lleve al cine y te escriba mensajes por las noches con un “I love you” seguido de emoticonos de ojos corazón? ¿Una de amor real, con enfados y reconciliaciones, una de empezar algo que pueda convertirse en un gran proyecto?

Segunda pregunta: ¿la otra persona querrá lo mismo? Tal vez tu labor de periodismo de investigación te ha llevado ya a una conclusión sobre cuál es su planteamiento vital. Tal vez en ese primer café descubras que es partidaria de “amores de barra” que dirían las de Ella Baila Sola y entonces no pasa nada, ya lo sabes y puedes tomar tus futuras decisiones respecto a eso. Pero tener un horizonte compartido ayuda mucho. Digo un horizonte. Un horizonte es algo amplio, abierto, sereno… Si estás pensando otra vez en una check-list con la que dejarás fuera a candidatos que…
a) no sepan esquiar,
b) no sepan bailar,
c) sean calvos
etc… Olvídate. No va de eso. Cuando digo horizonte pienso en cosas como:

—Estoy locamente enamorada de Filiberto.
—Pero Rosalinda… Filiberto se divierte los fines de semana pegando a gente.
—Ya… Pero es tan guapo… me gusta tanto…
(Basado en hechos reales —lo sé, escalofriante—)

Tercera pregunta: ¿Estoy preparado para empezar una relación?

  • Advertencia para corazones con patas: no confundir “estar preparado” con “me muero de ganas” o “me siento muy vacío y necesito compañía…” o “tengo 23 años y a este paso empiezo a comprarme gatos…”.
  • Advertencia para los amantes de los checks: una relación que conlleva un cierto compromiso no se puede tomar a la ligera, y lo sabes, pero tampoco hace falta que llegues al grado de madurez supino antes de empezar a salir con alguien. La madurez es un camino que acaba cuando te mueres. Claro que si estás en esa etapa en la que ni tú mismo te entiendes el 100% de las veces, puede que sea difícil intentar que alguien lo haga… Y entenderse es importante. Seguiremos ahondando en esto.

Ya te has parado. Has respirado. Te has auto-preguntado y has sabido responder a las preguntas. Es hora de escribir versos al más puro estilo Neruda, de buscar la manera de acercarte más a esa persona y, tal vez, del primer café.

«¿Pero cómo le voy a pedir así un café, de repente, sin más, qué va a pensar?».

Como dice mi amigo Jon: «Un café no es una propuesta matrimonial».

 

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10 comentarios en “¿Qué quiero cuando quiero salir contigo?

  1. veritasveritae dijo:

    “Un café no es una propuesta matrimonial”. Genial. Y además totalmente cierto. Un café es la excusa para tantear si el otro puede llegar a responder a la pregunta de “¿Qué tipo de amor quiero?” de una forma parecida a la tuya.

    Gracias Lucía por plantearnos esta pregunta. Es esencial y a la vez basiquísima, pero la mayoría de las veces olvidamos hacernosla. Y ahí empiezan los problemas.

    Ha sido un placer descubrirte. Seguiré leyéndote 🙂

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